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YOR, EL CAZADOR QUE VINO DEL FUTURO (1983)

YOR, EL CAZADOR QUE VINO DEL FUTURO (1983). Dtor.: Anthony Dawson/ Antonio Margheritti.


SINOPSIS: Yor es un poderoso guerrero del futuro en tierras prehistóricas luchando por la supervivencia de su pueblo. Cuando se entera de una diosa del desierto que lleva un misterioso medallón similar al que él tiene, Yor decide buscarla para conocer su verdadera identidad. En el camino, se encuentra con hombres-monos, dinosaurios y una extraña sociedad futurista.
COMENTARIO: En la primavera de 1982 llegaba a las carteleras Conan el Bárbaro, adaptación al celuloide de los personajes creados por Robert E. Howard. Tan solo en su primer fin de semana el film dirigido por John Milius recaudó en los Estados Unidos la mitad de su presupuesto de unos veinte millones de dólares. Al hacer balance al final de ese mismo año la operación resultó sumamente rentable, entre otros, para el productor Dino de Laurentiis. Su compatriota. Advertido que el público había sido receptivo a este tipo de historias que exploran en universos prehistóricos sobre la base de relatos servidos por el mundo del cómic, Michele Marsala, compatriota del patriarca de los de Laurentiis, adquirió los derechos de explotación de Henga, el cazador, la novela gráfica obra de Juan Zanotto y Ray Collins (seudónimo de Eugenio Zapprieto). Sin mayor dilación, Marsala convenció a una serie de compañías cinematográficas para que participaran de la financiación de Yor: The Hunter from the Future / Il mondo di Yor (1983), con un cambio nominal de entrada —Yor parecía más propio de un guerrero que el de Henga— colocando al frente de la dirección a Anthony Dawson, el nombre utilizado —a modo de máscara para abrirse a un público potencial mucho más amplio— por Antonio Margueritti, quien había tributado en el cine fantástico italiano durante la década de los sesenta y setenta sin menoscabo a involucrarse en otros géneros, eso sí, con el denominador común de presupuestos ínfimos o, en el menor de los casos, medios para los estándares del cine europeo de la época.
    Rodada en estudios sitos en Roma y Estambul, desde la primera secuenciaYor, el cazador que vino del espacio persigue una voluntad por acceder a un público anglosajón a través de acoplar a sus pistas sonoras el tema “Yor’s World” con resabios al espectro musical de bandas como Asia o Yes en su nueva«identidad» de fuerte calado pop. Puerta de entrada, pues, a una propuesta que incurre en los modismos propios del cine de aventuras fantásticas surgidas a la estela de Conan the Barbarian, al frente de cuyo reparto se situaría otro actor (sic) de escultural figura, el californiano Reb Brown, al que Marsala y Dawson le asignaron el rol del personaje epónimo. Su heroísmo queda patente en diversas secuencias de un film que parece atender en su estructura narrativa —cortesía de Robert Bailey y del propio Dawson— a dos partes bien diferenciadas. La una compromete prácticamente a la primera hora de metraje, en que el espectador atiende a los distintos peligros que acechan a Yor y a sus fieles fieles guerreros, quedando al amparo del enfrentamiento de luchas entre tribus en un marco de tiempos remotos, y midiéndose en combate con animales prehistóricos. En este amplio segmento de esta producción italoturca la composición de carácter antropológico del británico John Scott contribuye a estimular el pensamiento que estamos frente a una propuesta de mayor empaque de lo que advetirmos para una segunda concentrada en la media hora final, allí donde actúa de una forma más penetrante e instensa la composición de los hermanos Maurizio y Guido de Angelis. Unas texturas electroacústicas que acaban “penalizando” a la hora de evaluar el contenido de una producción que discurre en su «tercer acto» en una dialáctica entre lo prehistórico y la modernidad en el enclave una isla donde el secreto mejor guardado, el del origen de la comunidad a la que pertenece Yor y Kalaa (Corinne Cléry) está a punto de ser revelado.
    El moderado éxito del film llevó a Marsala a tomar la determinación que se crearan los mimbres necesarios para una eventual serie que se debía nutrir de infinidad de metraje descartado durante el rodaje de la seminal Yor the Hunter from the Future. Muestra inequívoca que Dawson, a diferencia del grueso de sus producciones afincadas en la fantaciencia, contó para la ocasión con un presupuesto que permitía cierto margen de maniobra.•
Christian Aguilera
 

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