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VERANO DEL 42 (1971, SUMMER OF 42). DTOR.: ROBERT MULLIGAN

VERANO DEL 42 (1971, SUMMER OF 42). DTOR.: ROBERT MULLIGAN.

SINOPSIS: Un grupo de adolescentes descubre un progresivo despertar sexual durante su período vacacional en una isla del Pacífico en plena Segunda Guerra Mundial. Hernie es objeto de bromas y envidias por parte de sus compañeros al ver como entabla una amistosa relación con una madura y atractiva mujer llamada Dorothy. La diferencia de edad entre ambos no impide que Dorothy se refugie en la amistad con Hernie para tratar de olvidar el dolor que siente por la ausencia y el destino de su marido, que combate con el ejército americano.
COMENTARIO: La primera vez que la cámara mediante los ojos de Hermie se fija en Dorothy, él no sabe su nombre y ella está siendo alzada en volandas (en ralentí, con voluntad de detener el tiempo) por un hombre. Ese hombre es su marido. Y la situación, con el mar de fondo, irradia romanticismo, ilusión y esperanza. Sin embargo, comprobaremos que será un marido que en cuestión de horas habrá partido y que en cuestión de días estará muerto. A partir de ese instante, de la muerte, de la ruptura y la desesperanza, por espacio de una noche, Hermie tendrá a esa mujer sólo para él. Un instante crucial en su vida y que rememora de salida con concisas palabras. «Aquella casa de allá arriba era la casa de ella. Y nunca, desde el primer día en que la vi, me ha sucedido nada tan sobrecogedor, ni tan desconcertante. Porque nunca he conocido a ninguna otra persona que me haya hecho sentirme más seguro y más inseguro, más importante y más insignificante».
   Verano del 42 es el telón de fondo de un verano de descubrimiento y aprendizaje para Hermie servido por la mano "maestra" (educadora) de Robert Mulligan. El film realizado en 1971 se convertirá en el inevitable viaje a otra época, cuando la Guerra Mundial, la Segunda, estaba sacudiendo el país y los retazos de una juventud (americana) perdida aún podía encontrar cierto rescoldo, amparo y consuelo en algo tan simple como unas vacaciones de verano en una isla. Un lugar revestido de bucólicos amaneceres y atardeceres. De amistades y flirteos. De  mareas que, igual que los sentimientos, van y vienen y de salas de cine —La extraña pasajera(1942) de Bette Davis inunda su pantalla— como antesala del preludio de incipientes relaciones sexuales. Marco para unos adolescentes que muy poco (o nada) sabían sobre el determinante papel que podía jugar la figura de una muerte inminente (por el conflicto bélico) en el caso de que esta irrumpiera en sus vidas.
Asimismo, Verano del 42 se estrena idéntico año que otro film sobre el despertar sexual de otro grupo de jóvenes estadounidenses después de esa Guerra: La última película (1971). Ahora bien, si el film de Bogdanovich (superior a mi juicio) retrata de modo transgresor/conmovedor la lenta desintegración de una pequeña ciudad americana (1), el de Mulligan mira hacia atrás con cierta nostalgia a una América más inocente (sic) e ignorante (que no ingenua) merced a la brillante fotografía de Robert Surtees y a la encantadora (y popular) banda sonora de Michel Legrand.
   Adaptado por el propio autor literario, Herman Rauche, el film ofrece todos los detalles de ese verano acaecido en 1942 y, tomando como trasunto del autor al quinceañero Hermie (Gary Grimes) se nos irán mostrando sus lúdicas actividades durante ese período estival. Hermie se pasa el día corriendo por las playas de Nueva Inglaterra con sus dos mejores amigos; Oscy (Jerry Houser) y Benjie (Oliver Conant) el menor de los tres, el cual en la mayor parte de sus intervenciones en pantalla, intenta equipararse, con mejor o peor fortuna, a los otros dos (aunque le cueste algún mamporro). Tiene un libro de medicina que cautiva totalmente la atención de sus dos amigos y que llegará a condicionar su posterior comportamiento, hasta el punto por ejemplo, que un episodio tan trascendental para la sociedad americana de la época como pudo ser el del ataque de Pearl Harbour, acaecido tan sólo seis meses antes, nunca encuentra su referencia (ni lugar) dentro del film. Para ellos importan más ciertos temas sexuales como el "Juego previo" al que hace referencia el primer capítulo del libro de Benjie y la manera en que pueden "practicar" (copian manualmente un par de hojas de instrucciones) las directrices a seguir en el (deseado) momento en cuestión. Jóvenes, maleables y hasta cierto punto inmaduros e impresionables. Por un lado, Oscy y Benjie —sobre todo Oscy— y por el otro el ambiguo Hermie moviéndose por terreno indefinido debido a su ensoñación por Dorothy, convertirán al film de Mulligan, en el relato de una suerte de anacrónicos paladines, cuya ansiada cruzada pasa por el desvirgue (o no) de las respetables veraneantes insulares. Incluida la fascinante Dorothy que curiosamente no es mucho mayor que los chicos, ya que debe rondar los veinte años, pero su situación personal (ya está casada) la coloca en un escalafón superior al de ellos y la dota de una fascinante aureola de experiencia que, para ellos quisieran tener.
   Posiblemente el primer encuentro entre ambos (Hermie, Dorothy, las bolsas de la compra y el camino a casa de ella, cámara al hombro) roce el cliché y funcione únicamente por la permisibilidad (complicidad) del espectador hacia la propuesta escénica. Sin embargo Mulligan, ajeno a presunciones de cursilería, deja ese aspecto a los hados y se limita a plantear y orquestar una escena que le permita introducir la clásica variante del chico conoce chica,  así como el (presumible/necesario) dibujo de los dos caracteres sobre los que va a sustentar su película. Otra cosa es que el inevitable paso del tiempo, "castigue" su planteamiento y resolución dramática, chirriando en algún momento, significándose con un sentimiento no muy alejado a la sensación (ridícula) de vergüenza ajena (situación que se produce, según mi punto de vista, por hacer recaer el peso de la escena sobre el comportamiento de Hermie, ya que Dorothy es tan espectadora como el propio espectador). No obstante, tal impresión no deja de ser una percepción subjetiva de quien esto suscribe, ya que la pluralidad de opiniones al respecto de la credibilidad de la misma es notoria. Por ejemplo, el propio Stanley Kubrick, aficionado al film —una escena de Verano del 42 aparece en El resplandor (1980)— si debía (creerse) disfrutar con el coqueteo ingenuo que se establece entre Dorothy y Hermie. Sin embargo, como muestra de esa trivial ingenuidad expuesta apunto su conversación sobre la música (Hermie dice ser muy musical y ella lo relaciona con un instrumento) o ese otro instante en el que colocaran cajas en el techo y ella se viste "adecuadamente ceñida de blanco" para la ocasión como nos va a demostrar el rostro y comportamiento (en lo alto de una escalera) de un muy excitado Hermie y los movimientos de cámara de Mulligan. Llegado a este punto, el director de El otrolanza al espectador la habitual pregunta de cada film suya: "¿cómo es posible controlar la excitación ante una persona atractiva?" . Una pregunta esta "precocinada" con un par de situaciones anteriores. El instante del cine y la compra del condón en la farmacia, las cuales tienen la rara virtud de que —mediante Hermie, principal vehículo de la acción—, el espectador pueda llegar a ponerse en su piel (de ahí la referida vergüenza ajena). Y a renglón seguido, Mulligan plantea (para teorizar a posteriori ) cómo se sentiría él ante esas situaciones. Situaciones de descubrimiento y despertar. Que obtienen su -visual- clímax cinematográfico e interpretativo en la escena de la fogata en la playa con las dos parejas. El extremismo dibujado hasta aquí (a retener la dilatación, en tono de farsa, de la escena de la farmacia) ofrece perfectamente el carácter de los dos adolescentes. Su reafirmamiento en la demostración de su masculinidad. Los retos a asumir y las pruebas a superar para empezar a tener un curriculum del que presumir. Y visto esto, uno de los aspectos que (positivamente) me llama la atención del dibujo de ambos chicos es el de la certificación de la falta de referencias de sus mayores. La figura masculina del padre es inexistente y en los dos se apuntan (intuyen) hermanos mayores merced a un comentario de Hermie (un hermano paracaidista) y a las holgadas camisetas de la Armada que viste Oscy. Un factor determinante que demuestra por tanto, el sentimiento de desventaja que experimentan uno y otro, en sabiduría y madurez con respecto a sus (invisibles) referentes familiares. Una desventaja que intenta ser paliada en su relación entre ambos con ciertas connotaciones competitivas como bien podemos ver en toda una serie de intercambios verbales de confidencia y/o de reproche.
Sin embargo, Verano del 42no es otra cosa que un sueño hecho realidad. Y Mulligan organiza su relato entorno a ello. El primer plano del film ya nos muestra esa fascinación (y onírico deseo) de Hermie por Dorothy. Y la representación de esa quimera se iniciará con Hermie llegando, de noche, a casa de ella. Lo primero que verá es una botella, un cenicero con un cigarrillo encendido, un disco (mudo) girando en el fonógrafo y una carta (oficial) especificando que el marido de Dorothy ha caído en combate. En ese momento ella entra morosamente en escena y afortunadamente para la película, Jennifer O'Neill consigue imprimir en su mirada, un desgarro emocional de una triste y brillante belleza totalmente significativo. Tras varios movimientos entre luces y sombras, unos pasos de baile y unos besos, se dirigen al dormitorio. La Fantasía cobra forma. Y aquí Mulligan es inteligente y elegante. A lo largo de todo el film, su cámara (al igual que Hermie) ha estado enamorado de Dorothy. Y aunque se recrea en sus planos en el cuerpo de ella durante esa escena, nunca su desnudez se hace explícita, alejando cualquier atisbo de presumible pornografía, erotizando dulcemente el momento. Nada que ver con la escena -en off visual- de Oscy. La de Hermie y Dorothy no tiene palabras. Ni confidentes. Ni para los amigos ni para los padres. Ya se lo apunta Hermie a Dorothy cuando se refiere a ellos "no me molestan, voy a la mía". Unos padres atípicos en la filmografía de Mulligan evaluados los comportamientos de Abigail Trant (Sam Waterston) en Verano en Louisiana (1991) o el propio Atticus Finch (Gregory Peck) en Matar a un ruiseñor (1962), y por el otro, la tolerante madre (Ruth Gordon) de La rebelde (1965) o la madre trastornada (Diana Muldaur) de El otro (1972). En Verano del 42 la narración recae exclusivamente en Hermie. Después de su noche con Dorothy, él se marcha y medita lo que acaba de ocurrir y lo que significa para él, porque si para Oscy su primer encuentro sexual se ha ido con el viento, Hermie difícilmente podrá expresarlo con palabras. Dorothy se marchará definitivamente de la isla «No la volví a ver, nunca supe qué fue de ella» y Mulligan se asomará finalmente a una puesta de sol resplandeciente mientras escuchamos a Hermie por última vez: «La vida está hecha de idas y venidas y de todo lo nuestro que llevamos dentro sin dejarlo atrás. En el verano del 42 asaltamos cuatro veces el puesto de los guardacostas, vimos cinco películas y llovió nueve días. A Benjie se le rompió su reloj, Oscy regaló su armónica y, en un sentido muy especial, yo perdí a Hermie...para siempre».•
Lluís Nasarre     

(1) Tanto uno como otro tuvieron sendas continuaciones: por un lado Curso del 44 (1973) con los mismos protagonistas pero sin el concurso ni de Mulligan ni de Jennifer O'Neill y por el otroTexasville (1990)

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