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EL PROCESO PARADINE (1947)

EL PROCESO PARADINE (THE PARADINE CASE, 1947). DTOR.: ALFRED HITCHCOCK.Resultat d'imatges de El proceso Paradine (1947)COMENTARIO: Última de las colaboraciones entre Alfred Hitchcock y el productor David O. Selznick, The Paradine Case es considerada el ocaso de esta relación criminal basada en la novela de Robert Hichens. Desde Rebeca (1940), acaso su película más representativa en esta primera etapa norteamericana, hasta este Criminal Court pasaron apenas siete años de tensos encuentros y altercados entre las dos populares figuras del séptimo arte. Tales fueron los tortuosos encuentros entre ambos que el desgaste fue tan progresivo que repercutió en el acabado del film en cuestión. La obertura de The Paradine Case ya obedece a ese protagonismo que denotaba la labor del producer O’Selznick, con una valla con su nombre que nos introducía en una historia de amores ocultos y encontrados.Resultat d'imatges de El proceso Paradine (1947)Por contrato, al contrario de lo que pudiese parecer, Hitchcock escogió la novela de Hichens –de más de quinientas páginas- por la relación de personajes que en ella estaban presentes y, sobremanera, por la inclinación que tenía hacia la abogacía, no en vano él siempre quiso ejercer esta profesión. Los primeros papeles asignados tenían en cartera a nombres como Cary Grant, James Mason, Laurence Olivier y, en cuanto, al principal papel femenino, las destinatarias fueron iniciales fueron Marlene Dietrich e Ingrid Bergman. No obstante y, como fuente de conflicto interno, se acabó por elegir a Gregory Peck –más en la línea de Hitch también por su mayor tirón popular- en el rol del abogado defensor Anthony Keane (Maurice Keane en el libreto) y Alida Valli (una belleza natural sonsacada del cine europeo, al igual que hiciese O’Selznick con la descartada Bergman). Como préstamo de la Rank Organisation se cedió a Ann Todd en el papel de la afligida mujer de Keane. Para encarnar al juez Horfield se acudió a Charles Laughton pese a tener que soportársele su agrio humor. A finales del rodaje del film, Hitchcock también debió compartir productora con Transatlantic Pictures ante las dificultades que estaba encontrando en el mismo. Se precisaron cuatro cámaras para rodar en el Old Bailey, sede natural donde se desarrolla buena parte del film, el juicio sobre la muerte por envenenamiento de un aristócrata invidente, al más puro estilo Agatha Christie. Sin embargo, la trama resulta leve, incluso reducida a la mínima expresión, debido, en parte, a los escasos acusados, sospechosos y testigos del crimen. Las tomas cenitales de la corte y los planos medios del juicio se intuyen como los mejores planificados. Especialmente relevante suponen los planos-secuencia en los que el principal sospechoso, el criado Latour (presentación en sociedad de Louis Jourdan), se adentra en la sala rodeando el espacio de la acusada (Valli) y, más tarde, hace el camino inverso ante la atónita mirada de la exmujer del coronel asesinado.Resultat d'imatges de El proceso Paradine (1947)Inconformista como pocos, Hitchcock siempre ha renegado de este film, en el sentido en el que la presión sobre el rodaje se hizo insoportable al punto de pensar más en su siguiente trabajo, Atormentada, que en esta insulsa pero agradable obra de composición con dos triángulos amorosos que lo entrelazan. Aún siendo poco convincente la labor de Peck, agradeció el público la galantería de Jourdan sobre todo en su irrupción en escena –su rostro oscurecido al entrar el abogado en la morada que custodia- y la majestuosa presencia de Alida Valli en cada una de sus intervenciones, como la fría y calculadora señora Paradine, a partir ya de su arresto realizado con exquisita delicadeza por parte de los agentes de policía –con la testimonial y ominosa figura de Hitchcock habitual delante de las cámaras-. En su debe, Hitchcock retrató de forma elegante, una vez más, la alta sociedad londinense, con sus desafectos, infidelidades y sus soluciones consecuencias: el crimen.Resultat d'imatges de El proceso Paradine (1947)Una cinta que pese a sus problemas de continuidad y escaso brillante blanco y negro original mantiene momentos de una belleza insospechada como la aparición de la figura de Latour en un ventanal de una estancia en la que se encuentra el abogado atrapado. Frank Waxman, el compositor de prestigio, captó ese ambiente cautivo de un filme que mereció mejor suerte. Esta edición en Blu-Ray nos permitirá comprobarlo. Àlex Aguilera

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