BAILANDO CON LOBOS (1989, DANCING WITH THE WOLVES)

BAILANDO CON LOBOS (1989, KEVIN COSTNER)
Rodada en distintos enclaves de Dakota del Norte y del Sur, Wyoming y Nebraska con un presupuesto de unos quince millones de dólares, Bailando con lobos (1990) atiende a una arquitectura narrativa clásica que bebe de las fuentes del cine de John Ford, Howard Hawks y Anthony Mann, tres referentes inexcusables a la hora de tender puentes con un pasado de la Historia del Cine que bajo el prisma de Costner se corresponde con un periodo glorioso. De común acuerdo con Michael Blake, Costner reservaría escenas en el propio plano hablara sin la necesidad del soporte de los diálogos o de la voz en off del narrador (el propio Dumbar). A modo de ejemplo podemos tomar la escena en que John Dumbar AKA «Bailando con lobos» (Costner), en el interior del tippi, levanta la mirada para fijarse en el amor que se profesan «Pájaro Guía» (excelente Graham Greene) y «Manto negro» (Tantoo Cardinal) bajo una manta que cubre la desnudez de la pareja. A renglón seguido, «Bailando con lobos» desvía la mirada para observar a «En pie con el puño alzado» (Mary McDonnell), dejando patente en el espectador el deseo del otrora Lugarteniente Dumbar de emular a la pareja de sioux con tan solo una concisa, pero precisa alternancia de planos. Asimismo, la voz en off y los diálogos brillan por su ausencia en la secuencia de la estampida de búfalos que por su enorme complejidad requirió del auxilio del propio Kevin Reynolds para coordinar las siete cámaras empleadas para la ocasión. Una secuencia de naturaleza onírica que favoreció la necesidad de Costner por dotar a su opera prima de un empaque de autenticidad, en línea con la firme decisión para que el lenguaje Lakota —origionariode los sioux (en la novela la tribu india protagonisa son loscheyennes)— fuese la «lengua cooficial», junto al inglés, del film y con ello el subtitulado debía hacer acto de presencia en las copias distribuidas a escala mundial, incluido en los Estados Unidos. Idéntida decisión a la adoptada por el largometrajeBlack Robe (1991) —curiosamente, un nombre similar al que distingue a la mujer de «Pájaro Guía»—, cuya ausencia de intérpretes con (ciego) gancho en taquilla la «condenó» a registrar unas audiencias muy limitadas. De ello se lamentaría Bruce Beresford, otro australiano operando en los Estados Unidos, cuya dirección enPaseando a Miss Daisy (1989) no se vio recompensada ni tan siquiera con una nominación al Oscar®. En cambio, la película que adapta una obra teatral —de Alfred Uhry— cosechó la estatuilla dorada a la Mejor Producción, siendo el precedente inmediato de Bailando con lobos, la gran triunfadora de la 58 edición de los premios instaurados por la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos con un total de doce nominaciones y siete Oscar®. Las seis estatuillas restantes irían a parar a Kevin Costner (Mejor Director), Michael Blake (Mejor Guión Adaptado), Dean Semler (Mejor Dirección de Fotografía), a los cuatro responsables del equipo de sonido, a Neil Travis (Mejor Montaje) y a John Barry (Mejor Composición Original). Este último se erige, desde mi prisma, en uno de los pilares fundamentales al razonar sobre las virtudes de una producción que desafió los cánones del género, aquellos resilentes a reescribir la historia sin incurrir en el argumentario de conceder el papel de «villanos» reservado a los indios desde los títulos pioneros del western hasta bien entrada la década de los sesenta. En esa década empezaron a fraguarse producciones que «ajustan» cuentas con la Historia, ya sea a través de un dispositivo netamente alegórico —Pequeño Gran Hombre (1970) o Soldado azul (1970), «masacrada» en la mesa de montaje— o bien etnológico —Un hombre llamado caballo (1970)—. Dirigida por Elliot Silverstein y protagonizada por Richard Harris, presumiblemente sea A Man called Horse uno de los films que mejor entronca con el enunciado revisionista de Bailando con lobos, trazando líneas paralelas sus respectivos «antihéroes». Hombres blancos que hacen la transición hacia un mundo, el privativo del pueblo indio, que no pueden renunciar a la única tierra que conocen desde sus ancestros, a riesgo de su aniquilación. La osadía de Costner tuvo su recompensa no tan solo en la ceremonia de los Oscar® sino también al recibir el reconocimiento de la comunidad sioux, en un gesto que a buen seguro compensó todas las visicitudes acumuladas durante una producción que vivió de manera intensa y obsesiva. Rasgos de una celebrity que, a los treinta y cinco años «tocó el cielo» con su primera película, y que repetiría experiencia con los rodajes de El mensajero del futuro (1997) y Open Range (2003), en sendos casos despojadas de la capacidad de sorpresa que comportó su debut en los estertores de la década de los ochenta. A estas alturas del siglo, un cuarto título en su filmografía se aventura una entelequia, en que el clasicismo al que se aferra Costner cada vez es más residual, colándose por el sumidero de un pasado que para el espigado cineasta califoniano tuvo Bailando con lobos en el epicentro de su particular etapa dorada.
   A modo de coda cabe anotar que en algunos países europeos se llegó a estrenar a lo largo de los años noventa el director’s cut de Dances with Wolves, que comprende casi cuatro horas de metraje, es decir, cerca de una hora más que la versión oficial. En esta versión autorizada por el cineasta norteamericano se coloca el acento sobre los aspectos más crudos del relato, aquellos que presumiblemente hubiesen merecido el rechazo por parte de un sector de los espectadores que acudieron masa a presenciar un clásico instantáneo.•
 Christian Aguilera
 

EXTRAS: La creación de una leyenda (75′). A través de la mirada del autor del libro, Dances with Wolves, Michael Blake, y de la de su compañero de promoción en la Academia de Cine de Berkeley, el productor Jim Wilson, nos acercamos a los meses previos a la confección del guion y posterior rodaje del film. A ellos, añadimos las figuras de Kevin Kostner, un joven que inició su carrera con Stacy’s Knights, y cuya obsesión era rodar una película sobre los indios nativos americanos. Los costes de producción, las dificultades en la aceptación del trabajo sobre todo a la hora de incluir el idioma nativo, junto a declaraciones de Graham Greene, Tantoo Cardinal ambos intérpretes indios de adopción, Jake Eberts (productor ejecutivo), la diseñadora de vestuario, Elsa Zamparelli, y el diseñador de producción Jeffrey Beecroft, conforman el corpus de este documental explicativo del cómo se gestó el galardonado film. Dividido en siete episodios, que van desde Del libro original a la pantalla hasta El éxito de Bailando con lobos, pasando por El actor se hace director previa experiencia como director de escena, El arte de la composición, La cacería de los bisontes y La imagen y el sonido. Banda sonora de John Barry (65’ 12″). Los extras incluyen la maravillosa banda sonora original compuesta por John Barry, con diferentes fondos según los temas. Cómo se hizo(19′ 20″). Imágenes poco vistas del largo rodaje de Dances with Wolves, con la interacción de Costner con los también actores de reparto. Maravillosas secuencias de exteriores capitaneadas por Deam Semler, con el que se ve comentando las diferentes posibilidades en alguna toma. Un día en la frontera Oeste (14’ 10″).Reportaje sobre la historia de las diferentes tribus indias que estuvieron en contacto con los colones que habitaban en las fronteras con Canadá. La relación y la progresiva expulsión de estos últimos narrado en tercera persona de una manera didáctica, acompañadas de fotografías que se conservan de la época.Spots televisivos (2′ 10″). Teaser original estadounidense que se mostró antes y durante el estreno del recordado film. 8 postales. Contiene ocho reproducciones de postales en color de fotogramas del filme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *