LA ESTRATEGIA DE LA ARAÑA (1970, BERNARDO BERTOLUCCI)

LA ESTRATEGIA DE LA ARAÑA (LA STRATEGIA DEL RAGNO, 1970). DTOR.: BERNARDO BERTOLUCCI

SINOPSIS: Athos Magnani regresa al pequeño pueblo de Tara, treinta años después que los fascistas asesinaran a su padre, para finalmente descubrir la auténtica verdad de los hechos acaecidos durante la dictadura del Duce en Italia. Después de averiguar que su padre, convertido en un mito de la resistencia antifascista con su correspondiente monumento, murió asesinado por sus tres mejores amigos, a los que había engañado, Athos duda sobre la conveniencia de mantener la perdurabilidad del héroe convertido en leyenda u optar por su desmitificación y hacer prevaler la verdad histórica.
COMENTARIO: A finales de los años sesenta Bernardo Berolucci empezó a asistir a sesiones de psicoanálisis. Consecuencia directa de todo ello fue que el cineasta romano reparara de manera especial en un breve relato escrito por Jorge Luís Borges Tema del traidor y del héroe, contenido en diversas antologías del genial autor argentino. Ambientada inopinadamente en la Irlanda del primer tercio del siglo XIX —un mero artificio del azar al que gustaba abonarse el escritor sudamericano—, Bertoluccivisualizó el film en un pueblo de la Italia fascista, dotándolo así de un contexto histórico franco a tratar aspectos relativos a la sociología de un país que cayó en las redes del fascismo durante la primera mitad del siglo XX y que hoy en día sigue teniendo acomodo en el país transalpino camuflado en distintas identidades que apelan a valores democráticos en la Europa del tercer milenio. Una vez más, el subconsciente «cinéfago» delató a Bertolucci cuando asignó en el libreto escrito a tres manos —de común acuerdo con Marilú Parolini y Eduardo de Gregorio— el nombre de Tara al pueblo del valle del Po donde transcurre un relato con un pie puesto en el pasado y otro en el presente. No en vano, Tara es la hacienda de los O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939), cuya obra de partida, la novela homónima de Margaret Mitchell, coincide en su fecha de publicación con el año —1936— en que queda consignada la muerte de Athos Magnani. Su hijo de idéntico nombre viaja hasta Tara para indagar cómo se produjo el luctuoso desenlace, en una diáfana alusión al complejo de Edipo que tan presente estuvo en las sesiones de psicoanálisis a las que se sometió Bertolucci en la antelasa de compaginar dos proyectos —el de La estrategia de la araña, un título muy borgesiano, y El conformista (1970)— con el denominador común de la prospección por la Italia fascista, y la comparecencia en el apartado creativo delcameraman Vittorio Storaro. Para la primera, el enfoque plástico de Storaro guarda estrecha relación con algunos de los cuadros de Magritte a la hora de capturar la esencia de un pueblo que parece haber quedado atrapado en el pasado y que había sido testimonio de la acción de Athos Magnani padre, antifascista confeso pero acabó traicionando a sus camaradas en lugar de quedar para la historia como un héroe. De este episodio se ocupa la serie de flashbacks que se insertan en el recorrido del metraje de La estrategia de la araña, creando así un cierto efecto de confusión o, cuanto menos, de surrealismo —no por casualidad el movimiento al que estuvo adscrito el propio Magritte— en el espectador que debe «adivinar» quién de los dos Magnani (a los que dan vida un mismo actor, el recientemente fallecido Giulio Brogi) vemos en pantalla.
    Film adecuado en forma de estructura circular, La estrategia de la araña adopta una importancia considerable en la filmografía de Bertolucci al marcar una transición hacia un cine que trata de armonizar fondo y forma. Para ello Bertoluci tuvo un aliado de excepción en Storaro, quien supo dotar un sentido pictórico precisamente una propuesta fílmica en el que luce en los títulos de crédito iniciales detalles de cuadros de Ligabue con motivos principalmente animalescos, entre los que se cuentan leones, una de cuyas cabezas sirve de ornamento de un plato servido en una bandeja por parte de algunos de los lugareños de Tara. Éstos acaban revelando la verdad de los hechos acontecidos el 15 de junio de 1936, en que el héroe pasaría a convertirse en traidor el día que el Duce —el apodo con el que se conocía al dictador Benito Mussolini— visitó una especie de Manderlay alla italiana, en que no falta la presencia de la «sacerdotisa» Draifa (una otoñal Alida Valli) que contribuye a “invocar” a la figura local de Athos Magnani Sr., cuya última representación en vida tuvo un espectador de excepción —el Duce— al compás de las arias de Rigoletto.•     
  Christian Aguilera      

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