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TOO MUCH JOHNSON (1938)

TOO MUCH JOHNSON (1938, ORSON WELLES)COMENTARIO: A partir del seguimiento que hiciera el historiador cinematográfico Joseph McBride de la obra de Orson Welles, se pudo recomponer la que sería la primera pieza del autor de Wisconsin: Too Much Johnson. Corría el verano de 1938, cuando Welles y sus compañeros del Mercury Theatre, bajo el respaldo del actor-productor John Houseman, aprovecharían el tiempo estival para rodar un proyecto complementario a sus labores teatrales. El resultado fue una recreación del mundo de los Keyston Cops y de retruque el del Slapstick de la década precedente. El cine silente era pues el modelo a seguir con los Max Sennet, Harold Lloyd (sobremanera El hombre mosca), Stan Laurel & Oliver Hardy y demás actores cuyas mayores credenciales en ese plano serían los gestos y expresiones faciales.Una de las mayores autoridades en nuestro país de Welles es, sin dudas, el actual Director de la Filmoteca de Barcelona, Esteve Riambau. Él fue uno de los primeros en conocer y advertir en 2013 de la existencia de una copia en perfecto estado de este film ya dado por perdido, inclusive cuando había completado uno de los mejores tratados sobre su carrera en Orson Welles, el espectáculo sin límites (Dirigido, 1985). Ni tan solo, se había podido ver en su integridad hasta su casual descubrimiento en Italia. A partir de aquí, la historia ha vuelto a poner a cada uno en su lugar, cerrándose un periplo que empezaría con un Welles de tan solo diecinueve años tras las cámaras en el cortometraje Hearts of Age (1934), una banalización en clave de parodia-homenaje al primer Cocteau, Le sang des bêtes (1930). Sin embargo, Too Much Johnson, rodada cuatro años después, comprende un estilo más definido aunque igual de deslavazado que en otras obras posteriores. En este caso, el montaje es atribuible solo a él –no el de Robert Wise y el destrozo que hiciera de El cuarto mandamiento, por ejemplo-, empleando una técnica no por menos sencilla menos efectiva y de difícil sincronización.Resultat d'imatges de Too much JohnsonFilmada en tres actos distintos, aunque en verdad en el visionado final se advierten, de forma generalizada, solo dos de ellos, Too Much Johnson es toda una sucesión de variantes del cine cómico silente con toques dramáticos enfatizados por la sobreactuación de los protagonistas. Entre el nutrido grupo de actores que accedieron a este ‘divertimento’, el inolvidable Joseph Cotten, Edgar Barrier y Virginia Johnson –bajo el pseudónimo de Anna Stafford-, la reciente esposa de Welles.Resultat d'imatges de Too much JohnsonEl primer acto arranca con una infidelidad evidente a partir de la muestra de cada uno de los rostros del trío involucrado. Huídas, persecuciones y situaciones paradójicas se dan cita en una primera parte que me atrevería a narrar como antológica. Ponemos en antecedentes al espectador y diremos que Welles, entre otras muchas cosas, había visionado más de cuarenta veces La diligencia antes de acometer Ciudadano Kane (1940), pero también se había nutrido del mejor cine mudo, inclusive el expresionista alemán (Nosferatu, El gabinete del Dr. Caligari, …) por lo que el resultado de ese primer trabajo tendría analogías con ambos mundos a caballo entre el silente y el sonoro.Resultat d'imatges de Too much JohnsonA resultas de esa primera media hora de auténtico fervor, diremos que hayamos, sorprendentemente, un material de primer orden, donde el sentido del ritmo, la puesta en escena y lo que resulta más complejo, la interrelación de imágenes en movimiento continuo, con el trasiego de cajas de madera formando un laberinto improvisado en el marco de una ineficaz caza a dos, se encuentra entre lo mejor del cineasta. Welles recreó un mundo que desconocía pero que le maravillaba. A tenor del resultado, resultó incomprensible no verla estrenada en su premier del 16 de agosto de 1938, en el Stony Creek Summer Theatre de Nueva York, donde el material filmado fue cambiado a última hora por una representación sobre el escenario de cariz teatral, que parecía incompatible con un pase cinematográfico. Desgraciadamente, nadie reparó en esta ausencia hasta nuestros días, pues Too Much Johnson -se creía perdido pasto de las llamas su negativo en casa del propio Welles-, sigue considerándose como todo un hallazgo. En nuestro caso, atribuible a la distribuidora Resen, la cual de manera un tanto desapercibida ha introducido un mediometraje –sesenta y tres minutos de metraje- al mercado sin demasiado ruido pero con el deber cumplido. Una recompensa poco lustrosa –su adquisición a un precio irrisible no se corresponde con su valor real- dado el desconocimiento generalizado de un lanzamiento de primer orden, que si bien resulta irregular en su conjunto, pues la segunda parte deviene inquietante por su falta de rigor argumental, no lo es menos su procedencia autoral. Nada menos que el de uno de los mayores genios que ha dado el séptimo arte, el teatro y la radio, suyo es también el aterrador relato de la guerra de los mundos, ese mismo año 1938, antes de la firma el contrato con la RKO Pictures. Quizá un material extra al respecto hubiese atraído a un mayor número de seguidores del maestro de los géneros por excelencia. Aún así, Too much Johnson resulta imprescindible por sí sola. Àlex Aguilera

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