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PATRICK (1978, RICHARD FRANKLIN)

 
PATRICK (1978, RICHARD FRANKLIN). PATRICK.RESEN. CINE FANTÁSTICO
Galardonada con el Gran Premio del fenecido Festival de Cine Fantástico de Avoriaz de 1979 y con la máxima distinción como director en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges en 1978, Patrick y Richard Franklin, respectivamente, acapararon la atención de aficionados, críticos y profesionales del sector en las postrimerías de los años setenta. Una mirada encauzada fundamentalmente hacia un personaje, Patrick —protagonizado por Robert Thompson—, postrado en una cama de hospital y con unos poderes paranormales agudizados por la falta de sus otros cinco sentidos. La cinta fue realizada bajo bandera australiana, aquella cinematografía que hizo furor entre los defensores del refinado cine de terror que propusieron principalmente durante ese lustro (1975-1980) cineastas como Peter Weir, (Doctor) George Miller, Brian Trenchard-Smith o el propio Richard Franklin, siempre al amparo de productores insaciables del talante de Anthony Ginnane, uno de los defensores e impulsores de la Australian Film Comission. El aspecto que mejor desarrollarían en estos trabajos primerizos en muchos casos serían las localizaciones, y una iconografía inserta y vinculada de forma ejemplar en una historia generalmente extraída de las noticias de sucesos de los periódicos o de fuentes documentales remotas. No fue el caso, no obstante, de Patrick, la cual se asemeja más a una tipología cinematográfica norteamericana y más contemporánea, a partir de retazos e ideas de títulos como Carrie (1976) o La furia (1978), ambos realizados por Brian De Palma. La persona encargada de ejecutar en papel escrito esas ideas contextualizadas en una época y lugar determinados fue Everett de Roche, quien el año anterior firmaría el guión original de la perturbadora Largo fin de semana (1977).
   Centrada en la ambigua visión que los profesionales de la medicina confieren a un hombre en estado de coma por espacio de tres años más que en los supuestos poderes de psicoquinesis o telequinesis atribuidos al mismo, Patrick transita entre el shock al estilo Dario Argento y el discurso acerca de la eutanasia y el ateísmo. Hay aspectos que refuerzan el carácter indestructible del protagonista, como en la escena inicial en la que el pomo de una parte de la cama refleja un momento de sexo en la habitación contigua de aquél pasando, acto seguido, a formar una figura de forma robótica opuesta en un plano doble a parte del cuerpo semirrígido de Patrick. La base musical del compositor Brian May (sin parentesco alguno con el bajista de Queen), habitual también del cine de las Antípodas vinculado al Fantástico, sirve para subrayar los momentos álgidos y los más dulcificados de una narración que discurre básicamente en un Hospital  semiabandonado —el portero resulta ser un enfermo del propio centro—. Sirva la mirada perdida de Patrick como testimonio, en primera persona, de un menosprecio continuo que acabará desembocando en un doble crimen. Asimismo, los juegos de espejos devienen un rol importante en el desarrollo de una trama que no derva en un cataclismo final estiloCarrie, pero sí en una previsible secuela, esta vez, a manos de los italianos en forma de un sucedáneo de nulo interés, Patrick vive ancora (1980), dirigida por Mario Landi. En Patrick la figura inquietante de la doctora Cassidy, la ubicación de la clínica Roget y las relaciones extramaritales ayudan a incrementar ese trasfondo extraño y malsano que, en ocasiones, recuerda al Psicosis(1960), de Alfred Hitchcock, con el plano de la escalera en los momentos finales. No en vano, Richard Franklin fue un alumno y ojeador aventajado durante su estancia en la U.C.L.A. del trabajo de su «maestro».
   Rodada en Merlbourne, Patrick, es considerado uno de los ejemplos más apreciados del material de indudable interés para el aficionado al cine aussie que se filmó en aquel rincón del planeta en los años setenta.
Àlex Aguilera

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