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MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1980, PAURA NELLA CITTÀ DEI MORTI VIVENTI)

MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1980, LUCO FULCI)

SINOPSIS: En la ciudad de Dunwich, en Nueva Inglaterra; el suicidio de un cura convierte en realidad una vieja maldición...
COMENTARIO: Tal y como describía certeramente el escritor británico Ramsey Campbell en su prólogo para la primera edición de Los libros de sangre de Clive Barker : «Se suele asumir que las historias de miedo son reaccionarias, y sin lugar a dudas, algunos de sus mejores exponentes lo son». Campbell se refería   al concepto del terror como elemento de ruptura momentánea de la realidad (y el confort), que una vez finalizada, deja paso a la normalidad y a la posición acomodada  del protagonista de la ficción, así como del lector. En este sentido, la función catártica y evasiva del personaje del zombie explicaría su longeva presencia en medios audiovisuales tan masivos como el cine o la televisión; el zombie es un elemento disfuncional y a eliminar, en una sociedad ordenada, pulcra y perfecta.
     Para demostrar el carácter coyuntural de la figura del zombie, basta con enfocar desde una perspectiva antropológica, la evolución cinematográfica que el subgénero zombie ha experimentado a lo largo de su historia... Si bien en sus orígenes (I Walked with a Zombie, La legión de los hombres sin alma, etc) , y de acuerdo con la tradición haitiana, el zombie era sometido a aquél que había provocado su estado, para convertirse en su esclavo, y en un ser sin voluntad propia, con el tiempo, (y con el director neoyorquino George A. Romero como principal impulsor), se introdujo al arquetipo del zombie, el temor de poder transmitir su estado a través de un mordisco o arañazo, en lo que algunos vieron una metáfora de la paranoia al contagio de enfermedades epidémicas como la sífilis o el sida.
    El arraigo popular del género no ha hecho más que intensificarse en los últimos tiempos. Si en principio, el temor que provocaban los muertos vivientes provenía del efecto de shock de un ser putrefacto y sin vida irrumpiendo en la vida cotidiana de una sociedad moderna, los referentes más actuales (con la saga cinematográfica 28 días después y secuelas, más la serie televisiva The Walking Dead en primera línea), se ambientan en un mundo apocalíptico, en el que la humanidad prácticamente ha desaparecido, convirtiendo a los supervivientes en los auténticos muertos en vida del relato, que tienen como única finalidad buscar refugio y alimentarse …
    El romano Lucio Fulci cimentó su popularidad con productos que tenían en la temática zombie el pretexto para la explotación comercial de la exitosa saga de George A. Romero. Desde finales de los años setenta, y aunque tenía más de veinte años de carrera, se vinculó para siempre el nombre de Fulci al cine de terroritaliano en su vertiente zombie más gráfica y violenta. Una percepción poco rigurosa.
  En la primera parte de Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980), tras un impactante prólogo en el que un sacerdote se suicida, abriendo un portal con el más allá desde el que los muertos regresan del más allá, la película conjuga elementos y recursos propios del cine policíaco y detectivesco ( que Fulci había tratado en sus orígenes como director). De factura modesta y una evidente falta de recursos, Fulci hace de las limitaciones una virtud, creando un clima de continua sensación de peligro -en la tradición del mejor giallo-, con elementos tan básicos como la investigación que practica un periodista sobre la extraña muerte de una joven durante una sesión espiritista, o el entramado de relaciones personales que une a los personajes de la narración. Llaman la atención la soltura y la falta de prejuicios con las que Fulci afrontó esta historia, a priori repleta de tópicos: Sacerdote que vuelve del más allá transformado en el mal personificado, joven fallecida en misteriosas circunstancias, periodista que investiga dicha muerte, seres procedentes del más allá que irrumpen con violencia en escena , etc ….lo que podría haber sido un auténtico caos argumental es zarandeado por el director italiano con la convicción y la ironía suficientes para diferenciar este título de la típica película de consumo rápido .
    De alambicado desarrollo, y un desenlace tan forzado como desconcertante (que se intuye más fruto del final del presupuesto que de las necesidades de la historia), puede criticarse a Fulci que no cuide con demasiado esmero aspectos como la dirección de actores, la verosimilitud del guión o el excesivo uso del plano/contraplano (esto último, en ocasiones puede llegar a provocar la hilaridad en el espectador),  pero de lo que no se le puede acusar es de ser tedioso. Escenas como la de la muerte de la joven en el interior del coche, que literalmente “vomita” sus entrañas, la repugnante ( e interminable) lluvia de gusanos, o que el principal malvado de la función sea un cura reconvertido en figura malévola (es público el anticlericalismo de Fulci), justifican el visionado de esta obra, aunque sea bajo el pretexto de declararlo un Guilty Pleasure”...
   Como curiosidad cabe mencionar la presencia en el reparto de Michele Soavi, el irregular y antaño prometedor director de cine milanés, amén de un cameo del propio Fulci, aquí como un erudito doctor.
Mario Ripoll     

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