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EL INCINERADOR DE CADÁVERES (1969, SPALOVAC MRTVOL)

Resultado de imagen de el incinerador de cadáveresEL INCINERADOR DE CADÁVERES (1969, JURAJ HERZ)COMENTARIO: Spalovac Mrtvol también conocida como The Cremator en países sajones y El incinerador de cadáveres, estrenada en cines de arte y ensayo –cuando aún existían- de nuestro país- responde a los cánones del cine emergente de la Europa del Este que intentaban dar respuesta al totalitarismo reinante en la primera mitad del siglo pasado. Resulta excesivamente convincente en su planteamiento, donde un padre de familia extremadamente religioso cataliza toda la atención del entorno que lo rodea (familia, amigos, trabajadores, políticos, …) dejándose llevar por sus raíces germánicas. Un elemento indisociable de esa crítica velada al fascismo queda expuesto desde las primeras imágenes (en un desgastado blanco y negro  a cargo de Stanislav Milota) donde el señor Karel (un hipnótico Rudolf Hrusînský) utiliza su relativo poder para cautivar a sus afines a través de la palabra o mejor dicho la locuacidad con la que se expresa a modo de soliloquio. Nadie replica su status, abandonando a su suerte a una familia a la que desprecia como veremos en la parte final. Pocos directores como Juraj Herz –cineasta a redescubrir por los historiadores de cine y analistas del fenómeno cinematográfico europea de fantaciencia- supieron llevar a cabo una acertada puesta en escena en un ambiente tan opresivo como puede ser un crematorio en el interior de un cementerio que aporta numerosos signos de deterioro y de opulencia a la vez. Una aproximación certera de la alienación a la que puede llevar a un individuo tan a priori insignificante como puede ser Karel, con la única idea de vindicar su preeminencia para con los judíos a través de un viaje etéreo. La cremación como modelo de destrucción y desaparición –tumba incluida- de cualquier vestigio del judaísmo. Un canto en toda regla a la libertad humana por encima de cualquier ideal propugna un Herz empeñado en mostrar el lado más manipulador del ser humano. Aquí Karel es mostrado como un trasunto del Führer tan débil como aquel en principio, dotado también de un cierto conocimiento artístico –recordemos que Hitler intentó sin éxito acceder a la Escuela de Bellas Artes de Viena- aunque con idéntico discurso a posteriori. Magnífico retrato, pues, de una sociedad anquilosada en un pasado de guerras que la convierte en un espectro de lo que fue. Maravillosos travellings y primeros planos cenitales que agrandan la locura y el desorden en el que vive sumido el protagonista y su extraña familia. Pasajes atrevidos para la época con desnudos de prostitutas, sirvientas del régimen, que ahondan en la diferencia de clases que promulgaba el nacionalsocialismo germano. La acción se sitúa en una Checoslovaquia ocupada, donde pocos tienen acceso a un futuro esperanzador.Galardonada como mejor director, mejor fotografía y mejor actor en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges de 1972 –tres años después de su producción-, no así como mejor película –Mención especial de la crítica, eso sí- que recayó en la no menos espléndida El otro (1972, Robert Mulligan), aunque con connotaciones distintas, con parecido tono onírico. Detallar que el film de Herz contó con la presencia de Jiri Menzel, uno de los artesanos checos que tomaría su relevo de forma más contenida pero igualmente crítica.Resultado de imagen de el incinerador de cadáveresÀlex Aguilera

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