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La presa (Southern Confort, 1981). Dtor.: Walter Hill

En la visión conjunta de la filmografía de Walter Hill se aprecia una disposición de los personajes insertados en el seno de un grupo, bien sea al margen de la ley, o bien, en una organización paramilitar (Traición: Sin límite) o directamente militar (La presa). En este bunch tomado del ideario de Wallon Green y su celebrado guión de Grupo salvaje (1969, Sam Peckinpah) cimenta Hill la que será una de las piezas indiscutibles de su reinado efímero en la serie B de los ochenta: La presa. Malintencionado título hispano de uno mucho más sugerente Southern Comfort (confort sureño) referenciado a esas ancestrales tribus sedentarias que ocupan parte de la región de los Everglades de Louisiana. Una Guardia Nacional compuesta por nueve piezas de ‘desecho’ de una maltrecha sociedad marcada por una reciente guerra perdida en terreno adverso, la de Vietnam, protagonizan la primera parte de una odisea circunscrita en un estado selvático, a todos los niveles. Las relaciones entre los miembros del grupúsculo de soldados son, desde un punto de vista antropológico, de difícil concordia y entendimiento. No hay que señalar las debilidades de unos u otros, pues, las deficiencias quedan claramente expuestas y delimitadas desde los primeros minutos del metraje. La presentación de cada uno de los personajes armados está calculada desde el punto de partida de jerarquía, siendo el de mayor rango, el primero en tomar decisiones precipitadas. El verdadero líder del grupo es prontamente identificable en la figura de Spencer (Keith Carradine, en un momento dulce de su carrera), no así sus compañeros de viaje: Reece (Fred Ward, actor tosco pero de gran presencia en pantalla) y Hardin (Powers Boothe, en el papel de un mercenario con pasado turbio y confuso). La misión para la cual están encomendados como Guardia Nacional de Louisiana en 1973 no queda excesivamente clara hasta la parte final, hecho que lastra un tanto la identificación precisa de una incursión en territorio hostil. Lo inhóspito del terreno donde se desarrolla la acción lo convierte de facto en un personaje más, inclusive cuando uno de los elementos, Stuckey (acaso el más lunático de todos y quien desencadena la cadena de muertes en el Pantano), es atrapado en las arenas movedizas incrustadas en una zona del suelo selvático. Sin ánimos de redención, Hill juega con los personajes llevándolos hasta una trampa mortal, aquella forjada por individuos que han sido subestimados, al considerarlos de un rango aún más inferior que el suyo. Los Cahun serán, de esta forma, el punto de mira del director, enmarcados en una sociedad aislada, ancestral, con sus propias tradiciones y festejos, al margen de todo atisbo de confraternización. En este modo postrero de filmar un desenlace ciertamente inquietante es donde Hill se muestra más cómodo y benefactor.Resultado de imagen de La presa Southern ComfortLos preparativos de la horca y el modo de ejecutar a los animales comestibles (cerdos y jabalíes) prefigura un derramamiento de sangre que no será tal, sino un mero pretexto por mostrar una civilización anexa, indiferente ante sus semejantes, pero contundente ante los invasores. Una lectura más allá de lo visto en pantalla nos conduciría hacia una representación análoga a lo que sucedió pocos años antes en la Guerra de Vietnam o Corea. Si bien, la naturaleza de un espacio protegido amenazado por la población foránea subyace en el discurso –más en imágenes que en palabras, como la caída a propósito de árboles como arma arrojadiza- de un director/guionista (Hill junto a su inseparable David Giler) dispuesto a no simpatizar con la mayoría de los personajes (incluido el trampero -Brion James, antes de convertirse en replicante en Blade Runner-). Tres años más tarde, otro cineasta comprometido con la causa social, John Boorman, haría lo propio con La selva esmeralda (1985), contando también con la participación de Powers Boothe. La presa, por su parte, continuaría su camino en medio de numerosas producciones dedicadas a plasmar diferentes etapas de la Guerra de Vietnam (La patrulla, Platoon, …) aunque al final la crítica la emparentaría con buen tino, con un título fundacional en su género: Deliverance, también una de las obras menos reconocibles de su director, el mencionado anteriormente John Boorman.Àlex Aguilera

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