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SALVADOR (1985, SALVADOR). Dtor.: Oliver Stone

SALVADOR (1985, OLIVER STONE)COMENTARIO: Existen pocos cineastas tan comprometidos con su entorno –en este caso, circunscrito a los países que lo rodean- como el estadounidense Oliver Stone. En este orden de cosas, la visión de un activista como el antiguo guionista de El expreso de medianoche (1978) va más allá de un simple esbozo y de una mirada escéptica; su causa es la de los desfavorecidos, la de los que luchan en inferioridad, en definitiva, de los que viven bajo el yugo del capitalismo. Este posicionamiento le había valido más de un disgusto, inclusive a nivel personal, pero Stone se ha mostrado siempre fiel a un ideario que desafía a las fuerzas gubernamentales que actúan con preponderancia. Esta máxima ha sido cultivada por el director ya sexagenario a partir de un primer título vinculado con sus experiencias militares de carácter obligatorio. Es sabido que Stone participo activamente como soldado en la vergonzante guerra de Vietnam, extrayendo posteriormente su sapiencia en primera persona en la parcialmente lograda Platoon (1986), gran éxito de crítica y público a finales de los ochenta. Sin embargo, un año antes ya se había adentrado en otra guerra de menor calado mediático a través de uno de sus films menos conocidos y contrastados: Salvador.La génesis de un movimiento:Iniciada a partir de la contribución personal y comprometida de varios productores independientes, Salvador debe su salida al mercado –no por casualidad tras el estreno de Platoon- gracias a esa labor conjunta y a la aportación de Hemdale Films, una empresa con capital británico liderada por el exbeatle George Harrison. La intención primera era la de recrear los tristes episodios acaecidos en el país centroamericano de El Salvador entre 1980 y 1981, filmándolo en el mismo lugar de los hechos, incluido la Catedral donde se sucedieron los atentados más sanguinarios. Bajo una situación aún convulsa y el hecho de que no se habían cerrado del todo las cicatrices de la operación paramilitar, dejo la posibilidad a Stone de rodar únicamente en terreno neutral, esto es México y algunos parajes estadounidenses del sur.Siendo como es Stone un cineasta inquieto y minucioso, escrutó al máximo los textos aportados por el escritor y cronista Richard Boyle hasta convertirlos en el punto de partida de una película que demanda no olvidar un pasado reciente, quizá demasiado reciente. Con un sinfín de víctimas y desaparecidos a las espaldas de una cúpula militar corrupta y desafiante, autodenominada escuadrones de la muerte, Stone recompone una situación de caos reinante en una ciudad donde aflora la pobreza y los asesinatos a cada paso que uno dé.Teniendo las localizaciones y algunos actores apalabrados –se sumaría James Woods al proyecto toda vez que su relación con Hollywood empezaba a declinar-, faltaría completarlo con su director de fotografía liberado de otros trabajos. Richard Robinson secundaría, pues, al ocasional guionista Richard Boyle hacia un rodaje complejo repleto de localizaciones y de una canícula en verdad que dificultaría tal despliegue.Una traslado forzoso en zonas colonizadas: de Los Angeles a El SalvadorResultado de imagen de Salvador (1985), de Oliver StoneStone siempre ha visto a ciudades como Los Angeles como un nido de engreídos. De esta forma, escapa continuamente de esa forma de vida para conocer otras culturas y otras maneras de comportamiento. Eso es lo que parece que buscan los protagonistas, Richard (alter ego de Richard Boyle) y de su compañero Buck (James Belushi, cansado de ser comparado a su hermano fallecido, John), al encontrarse sin blanca y sin un hogar, de la noche a la mañana. El primero (espléndido James Woods, con una dicción castellana monocorde con el estereotipo americano medio) es un reportero de largo recorrido, especializado en cubrir infinidad de contiendas en primera línea de información, caso de la Guerra del Fútbol de Honduras de 1969, los conflictos armados de Guatemala, Beirut y Camboya, al punto de ser el último periodista acreditado en abandonar dicho país. Una traslación en primera persona –al igual que hiciera Stone con Billy Hayes en El expreso de medianoche- que ayuda a la historia a progresar en el camino hacia la liberación de un país tomado por los militares. Si bien, los acontecimientos se suceden en zonas convulsas, Stone quiso hacer hincapié en la figura clave de John Cassidy –el brillante e infravalorado John Savage- colocándolo en el mismo escalafón que el mítico fotógrafo Robert Kappa. Reportero del Newsweek y amigo de Boyle, Cassidy engrandece la figura del fotógrafo de guerra, capturando en cualquier momento ‘la grandeza del ser humano’, una vez abatido y muerto, como epitafio en las montañas repletas de cadáveres, donde acontecen las imágenes más duras del film.La dicotomía entre las confrontaciones por el poder, en este caso, entre Jimmy Carter y Ronald Reagan en 1980, auspician un resultado nefasto para los intereses de la pequeña nación salvadoreña, a la cual llegarán las armas con las cuales los militares acabarán con cualquier atisbo de revolución interna por parte de la población rural.El agnosticismo de Boyle se contrapone al influjo que ejerce entre los pobres el Arzobispo Romero, vilmente asesinado en su propia ‘casa santa’. El mismo lugar donde se hablaba de la violencia y de las insurrecciones. Un conflicto social donde los ejércitos se amparan en su particular ’guardia nacional’ para acabar con los insurrectos. El apoyo de los sandinistas resultará insuficiente.La cámara de Stone y sus correspondientes primera y segunda unidades captaron en su momento un conflicto como pocos han sabido hacer, reflejando una evidencia, un desatino moral y una violencia injustificada, además de constatar las ayudas externas de los Estados Unidos y de suspender la actitud reprobable de las embajadas pertinentes. Toda una declaración de hechos con la cual Stone se ganó esa fama de ‘izquierdista renegado’ en su propio país, más aún tras su entrevista/documental Comandante (2004), sin caer en la cuenta de que el mismo ha intentado buscar la verdad que los distintos gobiernos archivaron en falso, caso de JFK (1991).Salvador sigue por todo ello hoy en día más vigente que nunca. Àlex Aguilera

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