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LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (1956, INVASION OF THE BODY SNATCHERS)

Largamente esperada su edición en nuestro país en DVD, La invasión de los ladrones de cuerpos es considerada, de forma casi unánime, como la película de ciencia-ficción más importante de los años cincuenta. El vago recuerdo que muchos teníamos de ella gracias a los lejanos pases televisivos se ha visto recompensado con esta gratificante y documentada incluye un libreto con fotografías, notas de producción y anécdotas del rodaje-edición incluida en esta «Selección de Clásicos de Oro». Sin obviar su breve reposición hace ahora veinte años concretamente el 27 de julio de 1987, esta adaptación de un serial publicado en la revista Collier en 1954 y escrito por Jack Finney, tuvo su rápida plasmación cinematográfica gracias al veterano productor Walter Wanger (La diligencia, Perversidad), encargando la dirección a un aún desconocido Don Siegel. Para siempre vinculada a la valoración de parábola del maccarthismo promovido por el Comité Anticomunista del senador norteamericano, no es menos cierto que Invasion of the Body Snatvchers —cuyo título de rodaje fuera el más sugerente Sleep No More, en alusión a lo que acontece con la pareja protagonista en el tramo final del film debe su reconocimiento más allá de sus fronteras al porqué de los miedos reales de la gente, la indiferencia humana, a la falta de sentimientos y a la catarsis colectiva como reacción ante la invasión de nuestra privacidad. El enemigo esta vez no se halla en el exterior sino que anida en nuestra propia comunidad. Una alegoría perfectamente descrita por el guionista oficial Daniel Mainwaring, quien tuvo que sufrir en su propia persona la persecución constante por sus trabajos anteriores, siendo despedido incluso por Howard Hughes. Ante tales presiones, el productor contrató a Sam Peckinpah quien tiene un pequeño pero significativo papel en el film para reescribir el guión de Mainwaring. Peckinpah se limitó a seguir las directrices de la productora y a incorporar un prólogo y un epílogo además de la voz en off— que no fueron del gusto de Siegel. No obstante, el mensaje del film continúa siendo vigente hoy en día como reflejo de la usurpación de la identidad por parte de quienes quieren anular los pensamientos y la capacidad de decisión de multitud de personas. Muestra de ello es la escena en la que aparece, por vez primera, en el sótano de una casa la réplica humana, en el interior de una vaina, de una de las mujeres que aún no ha sucumbido a tamaña transmutación física y psíquica. Desgraciadamente, el final no previsto por el director no es el más adecuado empleando un flash-back innecesario, pero ayuda a comprender el ambiente de pesadilla que envuelve el regreso de un doctor (Kevin McCarthy, nada que ver con el senador Joseph McCarthy) de un pueblo Santa Mira, lugar original del rodaje invadido por un extraño y repentino cambio de conducta de sus residentes. 
Àlex Aguilera

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