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¡QUÉ VIENE VALDEZ! (1971)

¡QUÉ VIENE VALDEZ! (1971)COMENTARIO: Resulta paradójico pensar que un western al uso como ¡Qué viene Valdez! surgiera de la pluma del novelista y escritor Elmore Leonard, allá por 1969. Su faceta encaminada a la literatura negra, de suspense, no se contempla como complementaria al género del oeste, ni tan siquiera cercana a los libretos de Marcial Lafuente, Estefanía. Más allá de esta disonancia estrictamente ocasional, Leonard escribió su novela en función del carácter racial y vengativo de sus personajes. Así lo quiso ver Burt Lancaster, parte implicada en la producción del film junto a la Norlan Productions y el producer judío Ira Steiner.Siendo el declive del género del oeste una evidencia en los albores de los años setenta, el inicio de esa década contribuyó, no obstante, a albergar un buen puñado de títulos que reflejaban ese ocaso de manera más bien nostálgico, sin perder un ápice de su implicación como tal. A este tributo se sumarían títulos hoy en día apreciados como A Gunfight (El gran duelo, 1970; Lamont Johnson), o la enigmática La noche de los gigantes (1970, Robert Mulligan). En esta línea se encuentra ¡Qué viene Valdez!, una encrucijada de encuentros y desencuentros entre mexicanos y norteamericanos que apuntan a un clímax incierto.La idea inicial sería la de contar con Marlon Brandon en el papel de Bob Valdez, relegando a Burt Lancaster a interpretar al arrogante y malicioso Frank Tanner. Finalmente, y como en muchas otras ocasiones, Brando abandonó pronto el proyecto, así como, el director previsto, Sydney Pollack. Por su parte, Susan Clark, Frank Silvera y Héctor Elizondo completarían un reparto encaminado a resaltar el enfrentamiento entre un hombre de ley y unos secuaces instruidos para dar muerte a cualquiera que se oponga a los dictámenes de su capataz. A ellos se uniría un joven actor llamado Richard Jordan, posteriormente convertido en vedette televisiva gracias a su presencia en la serie Poldark. Sin embargo, la significancia del film recaería en la localización de los espacios naturales donde se desarrolla el mismo. No por casualidad, se acordó su rodaje en Almería –y también la portentosa Sierra de Gredos-, cuna del nacimiento del llamado peyorativamente spaghetti-western. Equiparar a estas alturas, el film del debutante Edwin Serin con aquellas producciones con capital transalpino, en su mayoría, no es ninguna desconsideración, más aun si damos cuenta de sus vínculos hispanos (los técnicos eran nuestros, además de tener una buena aceptación). Rememorando esos años de esplendor en tierras andaluzas, a uno le viene a la memoria un título no por menos absurdo menos inquietante: El bastardo (1969). Ese carácter vengativo está igualmente expuesto en Valdez Is Coming a partir de cuando éste se coloca la placa de sheriff y se dirige a la cabaña del supuesto desertor y asesino. La autoridad en entredicho y el remordimiento de conciencia acrecientan ese sentimiento interior cuando Valdez entierra a su víctima inocente. El comisario de Lonoria (México), mitad mexicano mitad yanqui (anteriormente, formó parte del séptimo de Caballería), se conjurará para dar caza al déspota señor Tanner -contrario a los símbolos religiosos y los predicadores- y sus hombres. Una crucifixión en toda regla y la posterior redención del mártir harán en el resto en este notable western a mitad de camino entre lo crepuscular y religioso. La copia en alta definición aquí presentada así lo corrobora. Àlex Aguilera 

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