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VERACRUZ (VERACRUZ, 1954)

VERACRUZ (1954, VERACRUZ)COMENTARIO: Contando con prácticamente el mismo equipo técnico con el que la Compañía Lancaster-Hetcht rodó Apache en 1954, se estrenaría Vera Cruz, epopeya anclada en plena Revolución mexicana en 1866. Al operador Ernest Laszlo, al escritor James R. Webb y al montador Alan Crosland, Junior se les uniría el realizador de aquella, Robert Aldrich, toda una autoridad en retratar escenas de una violencia casi obscena, aunque a menudo estilizada; amén, del productor de nuevo cuño, James Hill (Nacida libre).A buen seguro que la contienda entre mexicanos y americanos surgidos de la finiquitada Guerra de Secesión, era un tema que por lo menos interesaba a Aldrich o cuanto menos la libertad con la que contaría para recrear la historia de Bordon Chase, explícitamente reducida a enfrentamientos entre bandos poco homogéneos, en cuanto a la parte norteamericana.El paisaje de la batalla se concibió al amparo de una pequeña novedad técnica: el empleo del SuperScope –apenas perceptible en esta más que aceptable edición en Blu-ray disc-. Además, se consiguió que los ángulos de cámara resultaran lo más realistas posibles, aunque algo extraños, por su poco convencionalismo, a los ojos del espectador.La sucesión de imágenes de comienzo nos adentran en los estertores de la Guerra Civil americana, pese a que en esta ocasión se confunde con la Revolución mexicana en pleno mandato del Emperador Maximiliano. Harold Hetcht contrató a Gary Cooper –tras autodescartarse Cary Grant por su poca afinidad con los equinos- como Star máxima de la cinta que encabezaría encarnando a Ben Trane, un tranquilo pistolero de Louisiana que acaba de perder su particular guerra contra los Norteños. Esas primeras escenas nos presentan al bando mexicano, a través de una férrea indígena que respondería –en realidad- al nombre de Sarita Montiel, en su primera incursión en el cine norteamericano de la mano de United Artists.El enfrentamiento de ideales entre dos hombres a priori antagónicos, Burt y Joe Erin (el casi siempre sonriente Burt Lancaster), desencadena una disyuntiva de consecuencias imprevisibles; más aun cuando el botín que custodian es de una suma considerable (tres millones de dólares). En ese punto, Burt  asevera que no tengo nada contra ellos, en clara referencia a sus nuevos patrones, los mexicanos apegados al régimen, e incluso a los guerrilleros revolucionarios. Una situación ambivalente que comparte Joe Erin cuando proclama que no tengo amigos, ni siquiera tú, toda vez que salva de una muerte casi segura a su nuevo partenaire, Ben. A la pregunta de si, ¿piensa intervenir en la guerra civil de este país?, el fuera de la ley Joe admite que si le pagan actuará.No queda demasiado bien reflejado en el film, el porqué de la unión inicial con los mandamases del régimen, en lugar de su asociación con el General Ramírez, a la sombra del revolucionario Benito Juárez. Ese trasfondo eminentemente político, donde la estabilidad gubernamental está puesta en tela de juicio, se muestra latente a lo largo del film, reflejando una situación de tensión dividida entre dos bandos bien diferenciados: los unos, con camisas blancas –signo de pureza- amparados en su condición de campesinos: los otros, con sus trajes y caballos de postín.A través de parajes naturales, entre ellos las ruinas Mayas, Aldrich realza en todo momento las esplendorosas vistas del territorio mexicano, en especial, los exteriores de Cuernavaca y, en cuanto a los interiores, los famosos Churubusco Estudio, lugar de peregrinaje de muchas coproducciones.Los mercenarios de Doce del patíbulo se darían cita en esta producción anterior de Aldrich, conformando un bando heterogéneo de ocho unidades, en las que sobresalen los nombres de tres de los villanos más requeridos de la época. A saber, Enest Borgnine, Jack Elam (maravillosa danza bajo los efectos etílicos, entre ambos) y Charles Bronson, aún bajo su nombre real Charles Buchinsky.En suma, Vera Cruz representa un cruce de enfrentamientos y caminos encontrados, de una época en la que cada pueblo y Estado luchaba por sus ideales y por una estabilidad que no poseían. Àlex Aguilera 

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